viernes 17 de octubre de 2008

Trabajo monográfico TDCI

Debido a que ya había hecho las tétradas con el formato mp3, decidí que éste sea el tema de mi trabajo. Dejo entonces el texto completo

El formato MP3


Desde hace ya algunos años, la industria de la música ha cambiado rotundamente. No sólo por la forma de consumirla, sino también por los debates alrededor del mundo y los riesgos a los que los grandes monopolios se enfrentan.
Todo se debe a la aparición de un formato que, aunque no fue creado con esa finalidad, permitía la compresión de archivos y la posterior manipulación de los mismos. Estamos hablando del MPEG-1 Audio Layer 3, mejor conocido por estos rincones como el MP3.
Técnicamente, se lo denomina como un formato de audio digital comprimido con pérdida desarrollado por el Moving Pictures Experts Group[1]. Pero luego de un tiempo se ha transformado definitivamente en un fenómeno masivo que ha traspolado discusiones, debates y teorías para instalarse como un ícono de este siglo XXI.
Ahora bien, ¿Por qué el MP3 se transformó en una revolución en todo sentido? ¿Cuál fue el detonante para situarse de tal manera en tan poco tiempo? ¿Qué tiene de especial? Pues bien, veamos.

Sólo un poco de historia
La tecnología del formato MP3 fue desarrollada en Alemania por Brandenburg, Popp y Grill, tres científicos del instituto tecnológico de Fraunhofer en Alemania en el año 1986. Luego en 1992 la Moving Picture Experts Group (MPEG) aprobó oficialmente la tecnología. En ese país, ganó el premio a la innovación tecnológica "Future Prize" del gobierno en el año 2000. La principal ventaja era la capacidad de reducir considerablemente el tamaño del archivo sin perder demasiada calidad.[2] Es decir, reduciendo aquellas secciones que el oído humano prácticamente no percibe.
Al poco tiempo de creado este nuevo formato, la distribución de música en red empezaría a ser una realidad posible; dado que el tamaño de los archivos ya eran lo suficientemente “livianos”. Así, en 1999 se produjo el boom; Shawn Fanning creó el sitio Napster, aquel sistema que servía para la distribución de archivos de música de forma gratuita, ignorando las licencias pertinentes.
La página sería cerrada tiempo después, pero la idea ya estaba instalada. El formato MP3 sería el estándar de la música para compartir y conseguir. Ya no importa si se trata de algo legal o ilegal; la música en este formato hoy es una realidad y está llevando a las empresas musicales a reacomodarse a él.

Lo bueno y lo malo: ¿Es el MP3 un nuevo medio?
En el caso del mp3, perdono cantidad por calidad. Podés llegar a tener a disponibilidad mucha más música. Tendrías que haber transportado aviones con trailer con los discos que querías escuchar para llevarte lo que tiene un iPod. Se escucha un poco como el orto, pero por ahí en ese producto no encuentro algo tan nocivo.”[3] Así define Luis Alberto Spinetta al formato que deja tantas controversias.
Sin embargo no hay que olvidarse de un detalle. La expansión del mp3 (así como tantas otras cosas) van de la mano de otro gran sacudón tecnológico: la revolución de las computadoras.
La comprensión popular de los nuevos medios los identifica con el uso del ordenador para la distribución y la exhibición, más que con la producción (…) nos encontramos en medio de una revolución mediática que supone el desplazamiento de toda la cultura hacia formas de producción , distribución y comunicación mediatizadas por el ordenador[4]. Y es que no existe hoy manera de manipular música en mp3, si no es a través de la computadora. Tanto sea para descargarla, como para transmitirla. Aunque sí han aparecido nuevos aparatos que permitieron la consagración definitiva del formato (desde celulares a reproductores de DVD, los estéreos de los autos o los sistemas de audio).





Lo que sí es claro, es el sentido y las facilidades que nos otorgan estos diminutos archivos. En principio, se habla de la gran posibilidad de acceder a música que de otra forma sería imposible –ya sea por que no está editada en el país, por que no se consigue en otro formato, o simplemente por que no existe-, y del bagaje al que se puede acceder sin gastar un solo centavo ni mínimos requisitos. “Muchas de las obras de arte de los nuevos medios tienen lo que se ha llamado una <>, condición que comparten con todos los objetos de los nuevos medios” diría Manovich. Llegamos entonces a la conclusión de que si aún no nos atrevemos a hablar del mp3 como nuevo medio por sí solo, se trata de una de las herramientas más poderosas con las que cuenta el ordenador –principal nuevo medio sin duda alguna- a partir del cual se ha logrado poner en jaque al mismo sistema de mercado mundial.
Broma del programa de radio español "Ya te digo", cuyo premio era un reproductor de mp3






El día en que las industrias tuvieron que cambiar
Ante el increíble éxito que Napster tuvo en tan poco tiempo, muchos servidores similares al de Fanning fueron creados. Kazaa, Ares y Emule son hoy los más populares en nuestra región. ¿Pero cómo influyó en las empresas la aparición del mp3?
Dado que el sistema se regía previamente a través de los derechos del autor de una obra (básicamente, se le paga al creador de un objeto cultural una bonificación para poder usarla), la industria en general se vio amenazada cuando el intercambio de ficheros peer to peer (colega a colega) tomó fuerza. Sin embargo, lo que sucedió realmente se reduce a una de las operaciones más básicas: se pudo acceder al contenido u obra de cualquier artista, ignorando completamente las leyes del mercado que, anteriormente, estaban previamente impuestas. Acceder a la música ya no era toda una hazaña –como sí lo era ir a comprar un disco- sino que empezó a verse como una forma más de obtener un objeto artístico. (Para conocer más detalles respecto a este tema, ver el trabajo "Transformaciones en la música a partir del mp3, p2p y reproductores multimedia", de Noel Nardonde)

Las desorganizaciones no son la ausencia de organización, sino la declinación de las organizaciones. La declinación del capitalismo organizado entraña efectivamente una caída de la organización y un ascenso del individualismo.” Declara Scott Lash[5]. Esto es exactamente lo que sucedió con la aparición del mp3. La declinación del capitalismo se da con el punto de quiebre que marcó para las industrias que las personas puedan acceder de forma libre a un contenido por el cual ellas estaban invirtiendo un dineral. No se trata del hecho de la inversión en sí. Sino en la necesidad de cambio que le exigió al mercado y la pérdida de poder frente a la cultura popular. Lo que antes era un negocio, hoy se está transformando. Sin predecir un rumbo cierto, se puede verificar que las leyes de la música cambiaron para siempre. En otros tiempos, una banda o cantante era “encontrada” por una discográfica, se les hacía grabar y con una fuerte campaña de marketing (canales de música y grandes multimedios incluidos) se daba una especie de imposición.
Hoy el sistema ha cambiado. Gracias a Internet, se pueden producir casos en los que la misma propagación de una obra artística la convierten en algo relativamente famoso. Podríamos decir que se trata de un “boca a boca” pero a niveles de masividad que sólo pueden ser alcanzados por la red.
Así, la realidad cambia. Las industrias son –al menos en cierta medida- derrotadas por estos nuevos medios de comunicación; y están provocando algo que no se ha dado muchas veces en la historia del hombre. El negocio debe adaptarse a estas nuevas trabas que se les presentan. De esta forma, muchas multinacionales prestan atención a cuáles son las nuevas tendencias de Internet (buscan talentos), otras deciden crear espacios para subir música de artistas nuevos (tal es el caso de la empresa brasilera Trama) y otras simplemente deciden sacarle beneficios a los soportes en los que se guardan estos nuevos archivos (fabricando cd’s grabables o reproductores de mp3).
Aunque también es cierto que, como dice Lash “las desorganizaciones actúan en medios de afecto y economía libidinal: una economía del deseo”. De esta manera la industria logra crear la suficiente expectativa como para despertar nuevamente aquellos hábitos de consumo que tantos resultados les dan. Aunque esta idea se denota un poco más en el género del cine. En el mundo del proyector, se crea tanta atención respecto al estreno de una nueva película (el 90% de las veces proveniente de Hollywood) que cuando nos sentamos a verla, se presenta el trailer de una nueva que intenta generar la misma sensación. Así, podría delimitarse la vida de un hombre dependiendo de la espera entre el estreno de una película y otra.

El problema de la sobreinformación
“Entre los frutos de un proceso de producción crecientemente inteligente y rico en información hay efectos de anticonocimiento como la sobrecarga de información[6] desde este punto de vista, el formato en mp3 está produciendo también nuevos cambios. Dado el amplio margen de artistas disponibles en la Web, empezamos a perder cierta información respecto a estos. De repente el término de álbum empieza a perder fuerza. Y lo que se impone es el track por sí sólo. Muchas veces se descargan discos completos de artistas por una sola canción, transformando el resto del material en obsoleto (dado que no costó absolutamente nada conseguirlo), cuestión que anteriormente era inconcebible.
La sobreinformación en la música se dará a partir de la descarga de material que jamás escucharemos, de temas que tendremos aún sin saberlo y de bandas que desconoceremos por, simplemente, no tener el nombre del archivo. De repente sucede que se puede bajar una canción cuyo nombre está mal ingresado. Así, podremos escuchar Mago de oz pensando que escuchamos Rata blanca, o reproducir Yngwie Malmsteen creyendo que es Jason Becker.
Esto nos lleva a otra cuestión importante. El punto –y la característica- fundamental de nuestros tiempos: la pantalla.
La pantalla es la ventana a este nuevo mundo digital que se nos presenta; es la conexión entre el mundo virtual y el mundo “real”. Es el camino a los nuevos objetos culturales. Así como al ver una película, la pantalla se transforma en el diccionario básico, tanto del ordenador como de todos los nuevos aparatos/medios (celulares, reproductores de mp3 y mp4, notebooks). “Aunque los navegadores de internet de los noventa y otras interfaces culturales de carácter comercial han conservado el formato moderno de página, también han acabado basándose en un nuevo modo de organizar y acceder a los textos.” Asevera Manovich. Esto es: las listas, las carpetas, los íconos para la PC; y los links para internet.
Volvemos de esta manera a la idea de álbum a la que antes hablábamos. Cuando descargamos en formato mp3, ya no tenemos un disco, sino una carpeta con archivos que, reproducidos con el soporte correspondiente, se transformarán en música. Sin embargo esta diferencia no es notable, dada la capacidad de asimilación del individuo en nuestros tiempos: “Los usuarios (por consumidores) son capaces de asimilar nuevos lenguajes culturales (…) por que están basados en formas culturales previas que les resultan familiares[7]Así, no podríamos hablar de diferencia entre archivos o carpetas sino conociéramos lo que significan ya de por sí.
Seguimos estando en el camino que Manovich reconoce en los autores David Bolter y Richard Grusin bajo el término de remediación: es decir, “traduciendo, transformando y dando una nueva forma a otros medios, tanto en el plano del contenido como el de la forma.” Pues bien eso es exactamente lo que ha sucedido con la música en mp3. Un horizonte totalmente nuevo ha aparecido con este formato. No sólo por que cambia la manera de consumir, escuchar e incluso grabar música; sino por que se trata ahora de un archivo digital que podemos modificar agregando y quitándole cosas y superponiendo con otros entre otra gran cantidad de cosas.
El nuevo formato de la música, es una de las principales pruebas de la revolución que la computadora e Internet han tenido en este último tiempo. No sólo por que es el medio para compartir los archivos a través del p2p; sino también por que es el medio para agregar la música a los soportes móviles. La masividad con la que el mp3 fue aceptado, obligó a la industria a aceptar y reacomodarse a las nuevas reglas del juego.
Como ya ha pasado en otras ocasiones –desde la creación de la cinta hasta el CD- se habla del peligro de las multinacionales que invierten en músicos y artistas, y en su desaparición. Esto no sucederá. La industria tiene su propio "circo" armado; y si nosotros como individuos logramos adaptarnos y asimilar las capacidades y características de la nueva forma de consumir música, sin duda alguna las empresas más importantes también lo harán. Aunque se debe admitir que es, al menos, simpático que los centros de poder de cualquier género se vean en parte amenazados.






"Desde mi cielo", video clip de la canción de Mago de Oz creado y subido por un usuario a Youtube

Conclusión
No se ha hablado hasta aquí de una cuestión importante y que tiene particular importancia dentro del tema abordado. El copyright, o derechos de autor, es la principal ley que según las grandes empresas y algunos artistas denuncian que se viola con el intercambio de archivos. Es el foco de la discusión y la mayor causa de pérdida económica de aquellos que están en el negocio de la música.
Dice Lash: “el poder se convierte en una cuestión de propiedad intelectual: patente, marca registrada y copyright. Si el poder de la propiedad real de los medios de producción llevó a los trabajadores a la inclusión para ser dominados por el capital en las relaciones productivas, la propiedad intelectual utiliza su poder para excluir, a través de la norma en el software de los sistemas operativos.”
Cuando el mp3 apareció, esta característica de poder quedó totalmente anulada. Ahora bien. Si la el poder de los medios pasa por la propiedad intelectual ¿Qué sucedió entonces con las industrias de la música? Simplemente perdieron una batalla que no vieron venir. No prestaron atención a las nuevas formas que se estaban creando y, por eso (sumado al error de creer que eran invencibles) todavía están sufriendo el no haberse podido adaptar a los tiempos que corren.
Como decíamos anteriormente, los consumidores (usuarios) sí encontraron el verdadero provecho del mp3. Compartiendo música, descubriendo nuevos artistas y hasta dándose conocer ellos mismos como músicos. Desde un punto de vista, Internet a permitido que la música vuelva a ser la obra artística que siempre fue, pero sin el meollo mediático y comercial al que muchas veces se les aferraba. Muchos han criticado tal situación (el caso de Metallica) sin embargo todo parece mostrar que se trata de un nuevo período de adaptación. Y es que en realidad la historia nos demuestra que siempre que aparecen nuevos medios, se provoca una revolución y un fuerte rechazo por las partes principales del poder.
Aún no podemos hablar del mp3 como un nuevo medio, pero sí de un puente para mostrar las verdaderas capacidades de la computadora e Internet. Principales fundadoras de este período de sobreinformación y aceleración.
Como hemos visto no todo es color de rosa, pero tampoco estamos ante un mal mundial. En todo caso el cómo usemos las herramientas con las que contamos definirán el verdadero sentido de esta nueva época. Mientras tanto los hombres seguimos adaptándonos a nuestras propias creaciones, a la vez que estamos en la búsqueda y el análisis constante. Después de todo, ya lo dijo Lash: “ya no podemos salir del flujo global de las comunicaciones a fin de encontrar un punto de apoyo fijo para la crítica. Ya no hay afuera. La crítica de la información está en la información misma”.




[1] http://es.wikipedia.org/wiki/MP3
[2] http://www.alegsa.com.ar/Notas/2.php
[3] Rolling Stone Nº 126, Página 102. Septiembre 2008
[4] Manovich Lev: “El lenguaje de los nuevos medios de comunicación”. Editorial Paidós
[5] Lash, Scott: “Crítica de la información” Amorrotu editores. Buenos Aires-Madrid
[6] Ver nota al pie Nº 5

[7] Capítulo 2: La interfaz. En “El lenguaje de los nuevos medios de comunicación” mencionado en la referencia número 4